Varias son las razones por las que efectuar un estudio de eficiencia lumínica previo a cualquier tipo de mejora arquitectónica. Muchas veces estos estudios son los grandes olvidados y a posteriori presenta ventajas notables en caso de haberse realizado. Principalmente destacan por la obtención de una eficiencia en términos energéticos más que plausible. Por lo que, en líneas con la Unión Europea en este aspecto, se antoja casi fundamental. Tanto en instalaciones de nueva implantación como en la renovación de instalaciones. Se deben realizar de forma totalmente personalizada para obtener el máximo rendimiento.

Eficiencia energética

Sostenibilidad, respeto al medio ambiente y eficiencia energética. Sin duda las aristas por las que circula la Unión Europea, principalmente en los países más desarrollados. Conseguir dicha eficiencia no solo se logra con la iluminación, pero sí es cierto que con las tecnologías actuales copa gran parte de este campo. Tener en cuenta la colocación tanto del lugar como del número de las luminarias es fundamental. Principalmente según el área de actividad y si existen fuentes luminosas naturales. En caso afirmativo, aprovecharlas es casi obligatorio empleando fuentes lumínicas complementarias.

Para todo ello, obviamente y prácticamente sin lugar a dudas, se debe implantar LED. Con este componente se logra reducir el consumo de manera exponencial. Consiguiendo además una vida útil mucho más elevada que otros componentes. Y es que hasta un 50% puede llegar a reducirse el uso de energía, mientras que además disminuyen hasta en un 35% las emisiones de carbono a la atmósfera. Si todo ello además se adereza con fuentes de energía renovables sería ya prácticamente total la eficiencia de la instalación.

Economía

El bolsillo respira cuando se hacen proyectos de iluminación. Un estudio lumínico bien realizado implica de manera directa ahorrar. ¿Por qué? De manera principal porque se maximiza el potencial de las luminarias instaladas. Y, por tanto, la mejor tecnología que permite el LED ayuda a una mayor iluminación con menos luminarias. Así, se reduce el número de luminarias con el consiguiente descenso del consumo. Asimismo, el propio LED trae consigo un retorno de inversión importante. Principalmente en empresas por el patrón de uso más extendido. Pero también en hogares dado que su vida útil puede llegar a alcanzar las 50.000 horas.

Maximizar rendimiento

En muchas ocasiones la iluminación que produce una instalación es insuficiente o está mal distribuida. Generalmente se distribuye la luz de forma uniforme en todos los puntos sin tener en cuenta cuáles son los puntos donde focalizar la iluminación. Y es que los lugares de paso no necesitan la misma luminosidad que los puntos de mayor tasa de actividad. Distribuir la iluminación por áreas se debe tener muy en cuenta por la norma UNE EN-12464.1. Con ello se consigue maximizar el rendimiento de las luminarias. Asimismo, con el estudio se pueden detectar los puntos de sobreiluminación o bien las posibles sombras que aparezcan.

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